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martes, 4 de octubre de 2011

Carta

En días pasados me escribiste, para contarme  que tenías una larga tristeza  corriendo por tu cuerpo. Algo que jamás pensarte experimentar de nuevo. Bueno amiga mía yo ahora te he de contestar que la única responsable de tus desgracias eres tú. Alguna vez mientras embriagábamos nuestra melancolía te explique lo confuso que resultan los sentimientos; al parecer compañera de confusiones no me prestaste la mínima atención por eso has vuelto a recaer en lo infame de la vida. Alguna vez me preguntabas porque mi corazón se tornaba gris a medida que ocurrían los acontecimientos, cuestionamiento  al cual recurría con evasivas y desprecio. Pero ahora te puedo contestar  que no hay mejor remedio que la soledad. Pero no una soledad social al contrario una soledad interna; Cuando logras eliminar los sentimientos de tu razón. Logras convertirte en un criminal. Créeme amiga mía que no hay nada mejor que el sufrimiento del ser que desprecias, del ser que deseas ver con la sangre  saliendo de su boca. Imagínate al hombre que te hace sufrir atado a una silla de madera, con sus ojos vendados, su torso desnudo, sudoroso, pidiendo clemencia a su dios. De pronto este hombre empieza a escuchar pasos, es un sonido largo y profundo que se repite en la oscuridad. Una vos fina empieza a retumbar en sus oídos, aquel siente miedo, empieza a recordar a quien le hizo daño en su pasado, al parecer la lista es larga porque este maldito empieza a llorar. De pronto una sensación húmeda recorre su cuerpo, es algo familiar que ya había sentido antes le resulta un calmante que durara poco, en un instante sus manos son cortadas de su ser, el dolor es indescriptible, lo hace perder el sentido.
Cuando despierta  ya no tiene la venda en sus ojos, puede ver su verdugo; te puede ver. Lo miras fijamente a los ojos, en tus manos tienes un mazo para triturar huesos,  sobre la mesa lo que queda de sus manos. Sueltas el mazo, tomas un cuchillo y te acercas a él, le haces leves cortes en su torso que lo hacen agonizar de dolor.
Con sus últimos alientos él te preguntara porque lo haces; Le pegaras una bofetada, lo miraras con odio y le responderás
“Aquel que juega con lo antagónico de la razón, está destinado al sufrimiento físico. A morir en brazos de la persona noble.”
Al terminar estas palabras te dará un ataque de remordimiento. Tomaras una pistola y encajaras una bala en medio de su asqueroso corazón. Terminarás su sufrimiento.
Mirando su cuerpo sin alma tomaras un libro y empezaras a escribir hasta que tu cuerpo sucumba, al amanecer  encontraran solo un cuarto vacío; tu estarás junto a mí en un paraíso infernal.
Amiga mía abre los ojos y deja de imaginar. Sé que te estas tocando todo tu cuerpo, mi relato e dio placer, te éxito. Estas pensando  en sangre, en intestinos. Ahora me entiendes, entiendes mi visión gris.
Solo me queda por decir:

Bienvenida al mundo de lo real.

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